Alfonso Masó
En nuestro país, la extorsión y el saqueo tienen un plus siniestro del que no gozan con el mismo esplendor los países vecinos: las omnipresentes caretas de los más eminentes delegados de Dios atizando la hoguera para que mejor ardan quienes ponen objeciones públicas a morirse de hambre, a ver a sus familias sin recursos, a sus vecinos en la desesperación, “es pecado desesperarse, hay que asumir con resignación cristiana el sacrificio”, para que ellos sean los únicos que no vean mermada ni en un céntimo la inmensa fortuna que succionan de los recursos comunes, totalmente libre de impuestos.
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