A quiet public sculpture. Por una íntima escultura pública


Alfonso Masó

Tiempos de desahucios, en la era del desvalijamiento globalizado, son los tiempos cotidianos sujetos a la mágica dialéctica de los ceros, los contrapuestos ceros de la historia que se generan mutuamente: para que ceros signifiquen nada / para que ceros signifiquen todo.

Nos será imperativo enfrentarnos a los monstruos que nos contienen desde prejuicios de culturas, de dominaciones y falsas pertenencias incrustadas, romper las arrogancias disfrazadas de pudores, atravesar los inmensos eriales de devastación y soledad que nos separan  del anhelado terror de  pertenencia real ¿Pertenencia a qué? ¿Qué sería una pertenencia real? ¿Por qué hablar de pertenencias cuando las expulsiones generalizadas nos expulsan a irreconocibles aislamientos?

La condena de todo lo precario, lo irrelevante, desde el punto de vista del valor económico, a la invisibilidad, a la inexistencia, al no-ser; el desmantelamiento incesante de cuanto fundamenta las culturas, podría convertirnos en los nuevos  desplazados de una creciente diáspora, hacia el extrañamiento  más insoportable e inhumano que pudiéramos haber imaginado.

¿De pertenencia real?
La intimidad, lo íntimo, lo descubrimos postergado, por interesada reducción del lenguaje, a los ámbitos de la sexualidad escondida, o sometido a los hechizos del reality show: inventado para soterrar, bajo exacerbados cerrojos de pudor,  lo que realmente nos afecta.

Proponemos, desde el leve resquicio de nuestro lugar en la docencia pública, una tentativa aparentemente contradictoria, pero convencidos de que sólo podemos poner en evidencia  las grandes contradicciones y falacias que nos colonizan, los grandes vacíos, las grandes ausencias, que se nos imponen, atacando directamente las estructuras de sus propias normativas, poniendo al desnudo sus insostenibles  lógicas.

Proponemos una íntima escultura pública porque lo público desahuciado de la diversidad de lo íntimo sólo puede ser la antesala de la nada.

Cuando las ciudades se multiplican en perplejas rotondas, convertidas en fragmentados arcos de triunfo, no podemos comprender qué victoria celebran, qué extraña victoria de Occidente -a juzgar por la uniformidad, la extraordinaria extensión, la dispersión- ¿Victoria sobre qué? ¿Sobre quienes? ¿Quizá sobre la propia ciudadanía?

No sabemos cómo podría ser una íntima escultura pública pero sí sabemos, porque en ello nos jugamos demasiado, que es parte de una re-vuelta conjunta, tan irrenunciable, que debemos intentarlo.

Una íntima escultura pública podría convocarnos junto a un tiempo aparentemente inútil y desaparecer en silencio. Una aparente contradicción se sustenta junto a otra ¿Una re-vuelta de silencios, de tiempos aparentemente inútiles? ¿Qué ocurrió con las no tan lejanas realidades del “buen vivir” que nada tienen que ver con el publicitado “vivir bien”, occidental?

Vienen tiempos de recuperar cuanto han habitado y habitarán los silencios proscritos. Allíquisiéramos no volver a confundir jamás los silencios de la ensoñación con los de la nada impuesta.

 

A Quiet public sculpture. Por una íntima escultura pública (Las artes en tiempos de desahucios)